Nos están encajonando, nos están asfixiando

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Por Daniel Vargas

San Lorenzo posee un corazón histórico y cultural del cual todos podemos sentirnos orgullosos. Recorrer los entornos de nuestra majestuosa Catedral neogótica, descansar en la plaza Cerro Corá, valorar nuestra identidad visitando el Centro Cultural Estación Tren Lechero son experiencias que demuestran el potencial urbano del casco céntrico de nuestra comunidad. Si a esto le sumamos el pulmón verde y deportivo que representa la Ciclovía Municipal, queda claro que la ciudad tiene postales históricas, culturales y de esparcimiento envidiables. Cabe acotar —no dejo este detalle suelto— que todo lo arriba citado costó al pueblo sanlorenzano miles de millones de guaraníes, cuya transparencia en el uso de los fondos está en dudas que merecen dedicarle un artículo aparte.

Sin embargo, para disfrutar del casco céntrico primero hay que poder llegar y luego salir, y ahí comienza la verdadera pesadilla. Mientras el Ejecutivo Municipal se ufana con orgullo por lo remozado que luce el centro histórico, ignora la realidad diaria e implacable que sufren miles de vecinos y visitantes: nos están encajonando. Salir o entrar a San Lorenzo a cualquier hora del día se ha convertido en una prueba de paciencia que destruye la calidad de vida, consume combustible y daña el bolsillo de propios y extraños.

El colapso del tránsito automotor no es un fenómeno meteorológico impredecible; es la consecuencia directa de una falta crónica de planificación local y, sobre todo, de una tibia gestión política ante los estamentos gubernamentales. Todo parece lucir impecable en la hermosa ciclovía —cuya mayor parte de la inversión se realizó con recursos de la entidad binacional Yacyretá—, pero de nada sirve tener joyas urbanas si a los propios ciudadanos les cuesta «un Perú» llegar a ellas para caminar, ejercitarse o hacer sus trámites en el centro sanlorenzano.

@DanielVargasPy

Por un lado, al revisar los datos del Sistema de Información de Contrataciones Públicas (SICP), causa profunda preocupación observar millonarias licitaciones locales adjudicadas año tras año en distintos rubros como de bacheo, emergencia vial, señalización y otros trabajos sobre las vías principales y las llamadas calles alternativas. Nos preguntamos con plena razón: ¿Dónde están los resultados de esa inversión pública? Las alternativas que incluso cruzan barrios alejados del centro (Calleí, Reducto, San Rafael, San Miguel y otros) que deberían descomprimir las arterias principales, siguen intransitables, minadas de baches o taponadas por el caos vehicular sin fiscalización alguna.

Pero el problema ya superó la capacidad de la simple reparación de calles. San Lorenzo es el nodo neurálgico del tránsito del área metropolitana y soporta el peso diario de miles de vehículos provenientes de todo el departamento Central. Aquí es donde el Ejecutivo Municipal debe plantarse con firmeza y exigir al Gobierno Nacional una inversión seria que ayude a mejorar la entrada y salida a la Ciudad Universitaria.

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En este sentido, años atrás se había presentado un trabajo de gran envergadura que contemplaba una gran circunvalación para descomprimir la ciudad, pero que terminó quedando en aguas de borrajas, tal vez por la falta de interés o empuje de las propias autoridades municipales. Hoy día serán los especialistas quienes determinen si esa propuesta sigue siendo viable o si se necesita otro proyecto aún más ambicioso para rescatar a la ciudad del estrangulamiento vial.

Una ciudad clave para la economía del país no puede continuar asfixiada por la inacción ni conformarse con fachadas bonitas. Las autoridades locales no solo deben administrar correctamente los recursos municipales; tienen la obligación política y moral de golpear las puertas del Gobierno Nacional y exigir las grandes obras que nos devuelvan la movilidad digna.

San Lorenzo no puede continuar atrapada entre parches locales insuficientes e ineficientes y el desinterés de sus autoridades. Queremos una ciudad integrada, con accesos ágiles, donde entrar, salir o simplemente llegar al centro no nos cueste una eternidad de nuestras vidas.