CIUDAD DEL ESTE. El saber ancestral de los pueblos guaraníes sobre el urucú (Bixa orellana) dio el salto a los laboratorios escolares de la mano de dos jóvenes investigadoras. Nicole Wu Xiao y Adriana Ojeda, alumnas del Instituto Cristiano Interactivo (ICI), llevan adelante un proyecto para rescatar este recurso natural y transformarlo en un cosmético de uso actual.
La iniciativa, denominada «De la naturaleza a la piel: valorización del urucú (Bixa orellana) para la formulación de un maquillaje natural», cuenta con el acompañamiento y la tutoría de la profesora Barby Ávalos.
El punto de partida del trabajo fue una interrogante clara: ¿es posible obtener y formular un maquillaje viable a partir del pigmento que otorgan las semillas, el cual debe su color rojo a la bixina, un carotenoide natural? Como hipótesis, las estudiantes plantearon que la intensidad del tono final depende directamente de la temperatura de extracción, buscando lograr la mayor eficiencia posible sin degradar el compuesto.

Para comprobarlo en la práctica, las alumnas trituraron las semillas hasta reducirlas a un polvo fino. A partir de ahí, experimentaron con cinco mezclas diferentes combinando el pigmento con aceite de coco, óxido de zinc, alcohol, cera de abeja, manteca de karité y bicarbonato de sodio.
De ese abanico de pruebas, dos fórmulas mostraron resultados funcionales:
- Una mezcla de aceite de coco y óxido de zinc, que derivó en una textura similar a un rubor de tono salmón claro.
- Una combinación de cera de abeja y manteca de karité, que dio forma a un bálsamo tipo gloss de tono amarillo.
Las demás opciones descartadas presentaron tonos demasiado débiles, cambios imprevistos de color o residuos arenosos en la aplicación.
Aunque todavía no consiguieron replicar en su totalidad el rojo intenso característico de la bixina pura —quedando por ahora en un tono rojo parcial—, el equipo sigue ajustando los parámetros del proceso, con la mira puesta en el control riguroso de la temperatura.
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Unirme ahoraEste tipo de iniciativas forma parte de las actividades impulsadas por el Departamento de Innovación del ICI, una institución que busca fomentar el pensamiento científico y la investigación dentro de su malla curricular.
“Este proyecto nace de mirar con ojos científicos algo que forma parte de nuestra identidad cultural. Adriana y Nicole no solo aprendieron química: aprendieron a sostener una hipótesis, a equivocarse con varias fórmulas y a seguir investigando hasta encontrar una respuesta. Ese es el espíritu que buscamos formar en el ICI”, destacó la profesora Barby Ávalos.
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