Día de San Cayetano: La fe popular choca contra el «relato de bonanza» del Gobierno

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Por: Daniel Vargas

Mientras el discurso oficial predica una economía próspera en los medios oficiales, en la realidad las deudas familiares aumentan para cubrir la canasta básica y el combustible que no da respiro a la clase trabajadora.

Cada 7 de agosto, las velas encendidas, las imágenes del santo y las espigas de trigo convocan a miles de católicos paraguayos en un acto de fe cargado de devoción, pero también de profunda desesperación. San Cayetano, el patrono del pan y del trabajo, recibe hoy a una feligresía golpeada que ya no acude solo a agradecer, sino a pedir un milagro cotidiano: que los ingresos familiares alcancen para terminar el mes.

Esta fecha nos encuentra inmersos en una contradicción indignante. Por un lado, tenemos a las altas autoridades del Gobierno Nacional ocupando minutos estelares en los medios masivos de comunicación para vendernos un «relato de bonanza», hablándonos de una macroeconomía supuestamente envidiable y festejando números fríos que no se traducen en la mesa de la gente. Nos quieren convencer de que el país está «cada vez mejor».

Sin embargo, basta con salir a la calle, recorrer los barrios y conversar con la gente trabajadora de la clase media y baja para constatar que esa propaganda estatal es una falacia. La realidad no miente: la constante suba en los precios de los combustibles y de alimentos desencadena un efecto dominó insostenible y los carritos en los supermercados salen cada vez más vacíos. Hoy, hacer las compras semanales se ha convertido en un ejercicio de matemática financiera y resignación.

Lo preocupante no es solo el deterioro del poder adquisitivo, sino el peligroso salvavidas al que se ve forzada la ciudadanía. Analistas especializados en economía y finanzas lo vienen advirtiendo con claridad: el nivel de endeudamiento en la clase trabajadora está alcanzando límites alarmantes. Cuando el salario ya no alcanza para cubrir la canasta básica ni los costos mínimos de movilidad, la gente se endeuda para comer. Se recurre a tarjetas, préstamos de consumo o financiamientos informales para pagar lo cotidiano, entrampando el futuro de miles de familias.

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La función pública y el ejercicio del poder deben estar al servicio del bien común, no para maquillar la realidad con discursos optimistas diseñados desde oficinas refrigeradas. El pueblo paraguayo no vive de las estadísticas macroeconómicas del Gobierno ni del triunfalismo de sus voceros; vive del fruto de su trabajo.

En este Día de San Cayetano, la fe popular se erige como una firme postura de dignidad. Es momento de que las autoridades nacionales dejen de mirar sus propios índices propagandísticos y comiencen a mirar los bolsillos y las mesas de la gente. La clase trabajadora no exige milagros del Estado, sino empatía, políticas económicas reales contra la inflación y un freno al costo de vida que hoy ahoga a la mayoría de los hogares de nuestro país.