AGUYJEVETE, GARABIDE Y EUSKAL HERRIA

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Durante seis semanas, once representantes de comunidades lingüísticas de América y África estudiamos las estrategias de revitalización de lenguas minorizadas, y recorrimos el País Vasco o Euskal Herria a ambos lados de la frontera, para conocer de cerca cómo se sostiene y se revitaliza una lengua. Esta es la crónica de ese viaje, contada desde el guaraní.

Del 18 de septiembre al 29 de octubre participé, en representación de la Fundación Yvy Marãe’ỹ y del Instituto Técnico Superior de Estudios Culturales y Lingüísticos Yvy Marãe’ỹ de Paraguay, junto con otras diez personas de comunidades lingüísticas de América y África, en la fase presencial del Programa de Formación en Revitalización Lingüística Aditu, de este año 2026. La formación tuvo dos partes: una en línea, del 18 de mayo al 27 de junio, y otra presencial aquí, en Euskal Herria.

El Aditu lo organiza la Asociación Cultural Garabide, una organización no gubernamental vasca que trabaja en el campo de la cooperación lingüística. Su objetivo es crear lazos de intercambio de conocimientos y estrategias entre comunidades que, como la vasca, viven procesos de recuperación de su cultura y de su lengua. Esta institución comparte la experiencia del euskera con la convicción de que puede servir de inspiración a otros pueblos, y lo hace dentro de una cooperación de largo aliento entre comunidades lingüísticas minorizadas.

Esa cooperación tiene ahora para nosotros un nombre propio. El último día del curso, el 29 de octubre, la Fundación Yvy Marãe’ỹ y Garabide firmamos un convenio de cooperación, que da continuidad institucional a lo vivido en estas semanas y abre un camino de trabajo conjunto entre el guaraní y el euskera.

Nuestra base estuvo en el valle del Alto Deba: las clases se desarrollaban en la sede de Garabide, en Aretxabaleta, y yo me alojaba en Eskoriatza, un pueblo cercano. Pero buena parte del aprendizaje ocurrió en el camino, en los pueblos y ciudades que visitamos y en las personas e instituciones que nos recibieron. Este texto quiere dejar registro de ese recorrido, consciente de que cometeré muchas omisiones.

Miguel Ángel Verón
Lingüista, director de la Fundación Yvy Marãe’ỹ y miembro de número de la Academia de la Lengua Guaraní.

De Gipuzkoa a Iparralde

Euskal Herria, el País Vasco, se extiende a ambos lados de la frontera entre España y Francia. Del lado español, Gipuzkoa, Bizkaia y Araba forman la Comunidad Autónoma del País Vasco (o Euskadi), a la que se suma la Comunidad Foral de Navarra. Del lado francés está Iparralde, el País Vasco francés, región histórica del suroeste de Francia que agrupa los territorios de Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa.

Gipuzkoa fue el territorio que más recorrimos. Además de Aretxabaleta y Eskoriatza, estuvimos en Andoain, Lazkao, Beasain, Tolosa, Errenteria, Donostia e Irun. Algunos son pueblos pequeños donde el euskera se escucha en la calle con toda naturalidad; otros, ciudades donde la lengua convive, y a veces compite, con el castellano.

En Bizkaia estuvimos dos veces en Bilbao: primero para el Congreso BIHAR y después para conocer la historia del euskera en la propia ciudad, recorrido que terminamos mirando desde lo alto del monte Artxanda. Ya al final del curso llegamos a Lekeitio, en la costa, donde tuve la oportunidad de presentar una ponencia en las jornadas Lekeitio geure nortasunetik.

En Araba estuvimos en Aramaio y pasamos un día en Vitoria-Gasteiz, sede del Gobierno Vasco. En Navarra recorrimos Altsasu y Etxarri-Aranatz, en la comarca de Sakana, además de Iruñea-Pamplona y Tafalla. En Navarra el euskera tiene una situación legal muy distinta según la zona.

Al otro lado de la frontera, en Iparralde, conocimos cuatro localidades de Lapurdi: Hendaia, Biriatu, Baiona y Angelu. Allí el euskera no tiene ningún reconocimiento oficial y, aun así, encontramos una comunidad organizada que lo sostiene con escuelas, medios de comunicación y hasta una moneda propia.

En cada lugar nos recibieron personas que trabajan por el euskera desde ámbitos muy distintos. Desde lo público, nos recibieron los ayuntamientos de Aretxabaleta, Tafalla y Beasain. En Gasteiz conocimos la Viceconsejería de Política Lingüística y la Agencia Vasca de Cooperación, del Gobierno Vasco; en Bilbao, la Dirección de Euskera de la Diputación Foral de Bizkaia; y en Iruñea, Euskarabidea, el Instituto Navarro del Euskera. En Donostia visitamos Euskaltzaindia, la Real Academia de la Lengua Vasca.

En la educación, conocí varias ikastolas, entre ellas, Arizmendi en Eskoriatza, Garcés de los Fayos en Tafalla y la de Biriatu, de la red Seaska. Estuvimos también con AEK y la organización de la Korrika, en el euskaltegi Gabriel Aresti, en la Facultad de Letras de la Universidad del País Vasco (EHU) y en el instituto de Lekeitio. Y vivimos Kilometroak, la gran fiesta de las ikastolas, en Lazkao.

En el movimiento social del euskera, la euskalgintza, conocimos el Parque Cultural Martin Ugalde de Andoain, que reúne a Berria, Euskalgintzaren Kontseilua, Soziolinguistika Klusterra y Bizipoza. A eso se suman Euskararen Etxea, Zenbat Gara y Euskarabentura en Bilbao; Plazara y Euskal Moneta en Baiona; Galtzaundi y Hezten en Tolosa; y Errigora y la Kultur Etxea Eusebio Erkiaga en Lekeitio.

En los medios de comunicación, estuvimos con el diario Berria, el grupo Guaixe de Sakana, Kanaldude en Iparralde, Bilbo Hiria Irratia y EITB, la radio y televisión pública vasca.

El Congreso BIHAR y una federación mundial

Uno de los momentos más fuertes del recorrido fue el Congreso Internacional BIHAR, celebrado del 23 al 26 de septiembre entre Bilbao, Irun y Hendaia y organizado por Garabide, Soziolinguistika Klusterra, Taupa y Plazara. Allí nos encontramos expertos, activistas y artistas de unas cuarenta comunidades lingüísticas del mundo para reflexionar sobre los discursos de la revitalización, y tuve la oportunidad de cantar en y por el guaraní.

En Irun, Garabide lanzó una invitación a formar una Federación Mundial de Lenguas en Revitalización. La idea es una red horizontal, entre iguales, que no busca representar ni uniformar a las comunidades, sino que nos conozcamos, nos ayudemos y actuemos juntos. Al cierre del congreso se conformó una comisión de trabajo para impulsarla, con tres funciones principales: la cooperación práctica entre comunidades, la representación frente a las grandes lenguas e instituciones, y la incidencia colectiva en los foros internacionales.

El congreso terminó el sábado 26 sobre el puente de Santiago, que une Irun y Hendaia por encima del Bidasoa, justo en el punto donde se unen y a la vez se separan los Estados de España y Francia. Allí, entre txalaparta y danzas, se leyó en cinco lenguas el manifiesto Nuestra voz, nuestro tiempo, nuestro futuro, escrito en conjunto por las comunidades. En él nos comprometimos a tejer redes más fuertes y a aprender unas de otras, y pedimos a las instituciones públicas que pasen de las promesas a los hechos, con políticas lingüísticas valientes y un financiamiento estable. Para quienes trabajamos por el guaraní, esta federación abre una puerta para no seguir caminando solos.

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Un paréntesis en Salamanca

En medio del curso viajé a Salamanca, invitado por la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Allí, en la siesta del viernes 16 de octubre, presenté en el Aula Minor de la Facultad la ponencia Ñe’ẽnguéra yvotyty Paraguáipe: iñeñangarekorã (Ecología lingüística en Paraguay: el desafío de su cuidado), en el marco del Seminario Permanente de Investigación Filológica que organiza el Departamento de Lengua Española. El encuentro académico fue coordinado por la Dra. Carla Amorós, una reconocida académica que colabora con Yvy Marãe’ỹ; participaron muchos estudiantes de posgrado, entre ellos varios latinoamericanos. Fue una oportunidad para llevar la situación del guaraní y de las lenguas indígenas de nuestro país a una de las universidades más antiguas de Europa, y para mostrar que el cuidado de la diversidad lingüística del Paraguay es también una tarea que nos convoca más allá de nuestras fronteras.

El viaje en sí fue otra parte del aprendizaje. En un solo día recorrí por carretera unos 500 kilómetros: de Donostia a Bilbao, de ahí a Burgos, luego a Valladolid y finalmente a Salamanca. Así pude ver cómo va cambiando el paisaje al dejar Euskal Herria y entrar en Castilla. Y en Salamanca, además de cumplir con la ponencia, conocí una ciudad hermosa.

Lo que me llevo para el guaraní

Vuelvo a Paraguay con una idea clara: el euskera no se sostiene solo con leyes ni solo con la voluntad de la gente, sino con los dos frentes trabajando juntos. Vi instituciones públicas que planifican, escuelas que enseñan en la lengua, medios que informan en ella y, sobre todo, una sociedad organizada que no espera que el Estado lo haga todo. Hasta en Iparralde, sin ningún reconocimiento oficial, la comunidad encontró la manera de seguir adelante; allí vi señalizaciones bilingües en francés y euskera y muchas experiencias de activismo.

El guaraní está en otra situación. Es la lengua propia e históricamente mayoritaria del Paraguay, es oficial desde 1992 y cuenta con una Ley de Lenguas desde 2010. Sin embargo, por factores lingüísticos y extralingüísticos, está en un proceso de repliegue frente al castellano, y su uso en la administración, en la educación y en los medios sigue siendo limitado. La experiencia vasca no se puede copiar sin más, pero nos deja lecciones valiosas: la fuerza de la organización social, la constancia en el trabajo y la necesidad de que la lengua esté presente en todos los ámbitos de la vida.

Con esa mirada preparé, como trabajo final del Aditu, el proyecto Ñe’ẽ rehe ñemba’apo yvy guivo ñembojoaju umi oúva tekuái ndive, guarani ñe’ẽ jeporu oñemombarete hag̃ua Paraguáipe (Sinergia entre activismo lingüístico y políticas lingüísticas oficiales para la normalización del uso de la lengua guaraní en Paraguay). Desde la Fundación Yvy Marãe’ỹ y su Instituto Técnico Superior de Estudios Culturales y Lingüísticos Yvy Marãe’ỹ buscamos articular planes y proyectos para hacer frente a la erosión que sufre el guaraní en distintos ámbitos. El objetivo es impulsar la normalización de su uso oral y escrito, y también su normativización, tejiendo redes con otras organizaciones de la sociedad civil y tendiendo puentes con las instituciones oficiales, en especial con la Secretaría de Políticas Lingüísticas (SPL) y el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), para que se cumplan las políticas lingüísticas que establecen la Constitución Nacional y la Ley de Lenguas.

De todo lo vivido, me quedo con algunas consideraciones para nuestro trabajo en Paraguay. La primera, y para mí fundamental, es que una lengua no se revitaliza sola ni desde un solo lugar: hace falta conjugar las políticas lingüísticas ascendentes, las que nacen desde abajo, desde la sociedad, con las descendentes, las que impulsa el Estado. Desde abajo trabajamos por el guaraní Yvy Marãe’ỹ, la Academia de la Lengua Guaraní, el Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, el IDELGUAP, las universidades, la Red de Amigos de la Lengua Guaraní (Guarani Ñe’ẽ Angirũ Ñanduti) y muchos activistas individuales y digitales. Desde arriba tienen su parte la SPL, el MEC, la Secretaría Nacional de Cultura, la Dirección General de Políticas Judiciales del Poder Judicial, el Parlamento Nacional, las gobernaciones y las municipalidades. Lo que vi en Euskal Herria es que la lengua avanza cuando unos y otros empujan en la misma dirección. La segunda es que el guaraní tiene que estar también en los espacios de la alegría, del juego y de la fiesta, y no solo en el aula o en los documentos; Kilometroak y el trabajo de Hezten en el tiempo libre me lo mostraron con claridad. La tercera es que cuidar la ecología lingüística del Paraguay significa cuidar también a nuestras diecinueve lenguas indígenas, muchas de ellas en situación mucho más frágil que el guaraní.

Por eso insisto también en que la planificación funcional o de estatus, la que busca ampliar los usos de la lengua, y la planificación formal o de corpus, la que trabaja su norma, deben desarrollarse en paralelo y de forma dialéctica, alimentándose una a la otra. Con esa convicción, invito a todo el Paraguay a unir sinergias para normalizar el uso oral y escrito del guaraní en todos los ámbitos y funciones comunicativas.

Estoy convencido de que no estamos solos. El convenio entre la Fundación Yvy Marãe’ỹ y Garabide y la Federación Mundial nos permiten tejer lazos con otras comunidades que viven luchas parecidas a la nuestra. Desde Yvy Marãe’ỹ queremos aprovechar ese camino para formar activistas, compartir experiencias y seguir trabajando para que el guaraní ocupe el lugar que le corresponde en la vida de los paraguayos.

Finalmente, quisiera expresar mis más sinceros aguyjevete, eskerrik asko, a Garabide, por la oportunidad y el ejemplo, a cada persona e institución que nos abrió sus puertas, y a mis compañeras y compañeros del curso, con quienes compartimos no solo clases y viajes, sino también la preocupación y la esperanza por nuestras lenguas.

Eskoriatza, Gipuzkoa, 31 de octubre de 2026

Miguel Ángel Verón

Lingüista, director de la Fundación Yvy Marãe’ỹ y miembro de número de la Academia de la Lengua Guaraní.