La Junta Municipal te escucha… siempre y cuando vos pagues el pasaje y pierdas tu día de trabajo

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Parece que la memoria colectiva es corta, pero mucha gente recuerda las épocas de campaña cuando el presidente de la Junta Municipal de San Lorenzo y la vice se pasaba recorriendo los barrios, golpeando puertas, prometiendo el oro y el moro, y regalando abrazos y fotos con cualquier vecino que cruzara por la calle. Claro, eran tiempos en los que cada voto valía oro. Pero pasada la elección y asegurado el sillón, el entusiasmo por pisar el barro se evaporó.

Ahora que ya pasó la repartija de cargos, nos salen con otra genialidad: el martes pasado, el edil colorado Hernán «Lilo» Domínguez inauguró con bombos y platillos su programa «La Junta te escucha». Suena lindo en un flyer publicitario, pero vamos a la cruda realidad. Resulta que para que la Junta te escuche, los sufridos miembros de las comisiones vecinales tienen que armar una peregrinación hasta el edificio municipal.

En cristiano: el vecino tiene que gastar su propio dinero en colectivos o combustible, dejar tirado su laburo, perder horas de su jornada y hasta mendigar un permiso especial en su trabajo solo para ir a rogar que los concejales le presten atención. ¡Una tomada de pelo! Los patrones —que somos todos nosotros, los contribuyentes— tenemos que correr con los gastos, quemar nuestro tiempo y gastar plata para que nuestros empleados nos atiendan un rato.

Debería ser al revés, caramba. En la presidencia de la Junta se llevan un sueldo millonario todos los meses (casi G. 28 millones), al que se le suma otro monto igual o más jugoso en concepto de gastos de representación. ¿De dónde sale esa plata? De nuestros bolsillos. Y esos fondos están justamente para cubrir la movilización de las autoridades. Tienen que servir, sin excusas, para que el presidente y la vice despejen de una vez por todas los traseros de sus cómodos sillones con aire acondicionado, salgan de su burbuja y sean ellos los que vayan a donde viven los vecinos.

Salvo algunos concejales que al menos de vez en cuando aparecen por los barrios cuando hay dramas con los servicios o las obras, la presidencia vive blindada. No tiene lógica ni sentido común que quienes viven de nuestros impuestos exijan que el esfuerzo lo haga el laburante de a pie. Ya es hora de dejar esa comodidad de gobernar desde la oficina con aire. La presidencia tiene que entender que la gestión real se hace caminando la calle, oliendo la quema de basura, esquivando baches, cloacas y viendo de cerca los problemas reales, en vez de obligar a la gente a pagar de su bolsillo para ir a mendigar soluciones.

Ya es hora de que en la presidencia de la Junta entiendan de una buena vez de quiénes son empleados y quiénes son los verdaderos patrones.

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Por: Daniel Vargas