El 31% que votó por Salomón y el 69% que no lo hizo

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Por Daniel Vargas Telles

Las elecciones municipales de San Lorenzo dejaron un resultado que merece ser mirado más allá de quién ganó y quién perdió.

Felipe Salomón fue reelecto como intendente con 52.919 votos, mientras que Luz Bella González obtuvo 33.020. En total, 90.531 electores participaron de la elección y la participación llegó al 53,21%.

Pero hay otra forma de mirar estos números.

San Lorenzo tenía alrededor de 170.000 ciudadanos habilitados para votar. Los 52.919 votos obtenidos por Salomón representan aproximadamente el 31% de todo el padrón electoral.

Dicho de manera sencilla: de cada 100 ciudadanos habilitados para votar, aproximadamente 31 eligieron a Felipe Salomón.

¿Y los otros 69?

Una parte votó por Luz Bella González. Otros optaron por el voto en blanco o nulo. Y muchos, sencillamente, no fueron a votar.

Esto no cambia el resultado de la elección. Salomón obtuvo la mayor cantidad de votos y, de acuerdo con las reglas electorales, fue reelecto.

Pero los otros números también forman parte de la realidad de San Lorenzo.

Casi 80.000 ciudadanos no fueron a votar

De los aproximadamente 170.000 electores habilitados, unos 90.500 concurrieron a las urnas. Eso significa que cerca de 80.000 ciudadanos no participaron de la elección.

Son muchos.

Y no deberíamos mirar esa cifra solamente como un dato electoral.

Son vecinos de San Lorenzo. Viven en nuestros barrios, utilizan las calles, necesitan transporte, pagan impuestos, esperan mejores servicios y sufren, igual que todos, los problemas que tiene nuestra ciudad.

No sabemos por qué cada uno de ellos decidió no concurrir. Puede haber desinterés, desencanto con la política, falta de confianza, dificultades para trasladarse o simplemente una decisión personal.

Lo importante es que el fenómeno existe y merece ser discutido.

Votar no significa que ya hicimos nuestra parte

Aquí está, para mí, el punto central.

Muchas veces pensamos que nuestra responsabilidad como ciudadanos termina cuando salimos del local electoral. Fuimos a votar y creemos que ya cumplimos.

Pero no es así.

El voto es fundamental en una democracia, pero no debería ser el punto final de nuestra relación con la ciudad.

Después de votar seguimos teniendo derecho a preguntar qué hace la Municipalidad con los recursos públicos, cómo se ejecutan las obras, qué decisiones toma la Junta Municipal y qué respuestas dan las autoridades a los problemas de los vecinos.

También podemos organizarnos en nuestros barrios, pedir información, plantear reclamos y acompañar las decisiones que consideremos positivas.

No se trata de estar en contra de todo ni de convertir cada problema en una pelea política. Se trata de no desentendernos de lo que ocurre después de las elecciones.

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Los 69 también tienen algo que decir

Cuando hablamos de los resultados electorales solemos concentrarnos en los votos del ganador.

Pero los otros números también hablan.

Los 69 ciudadanos de cada 100 que no votaron por Salomón no forman un bloque. Algunos votaron por Luz Bella, otros votaron en blanco o anularon su voto y otros ni siquiera fueron a las urnas.

Por eso no podemos decir que esos 69 estén en contra del intendente.

Lo que sí podemos decir es que la mayoría de los ciudadanos habilitados no depositó su voto en favor de Salomón.

Esta mirada no cuestiona el resultado electoral. Lo que hace es ponerlo en una dimensión diferente: la de una ciudad donde una parte importante de sus ciudadanos todavía permanece al margen de las decisiones electorales.

La responsabilidad continúa después de las urnas

San Lorenzo no necesita ciudadanos que aparezcan solamente cuando hay elecciones.

Necesita vecinos que sigan atentos a lo que ocurre durante los años de gestión. Que conozcan las decisiones de sus autoridades, que pidan explicaciones cuando corresponda y que participen cuando tengan algo que aportar.

Porque elegir a un intendente y a una Junta Municipal no significa entregarles un cheque en blanco durante todo el período.

Votar no es delegar para después olvidarse. Es elegir y, a partir de ahí, asumir también el compromiso de mirar, preguntar y exigir que las cosas se hagan bien.

Y cuando los mecanismos institucionales no sean suficientes para que un reclamo ciudadano sea escuchado, también existe una herramienta propia de toda democracia: la movilización pacífica.

Si una comunidad considera necesario salir a la calle para reclamar por una obra abandonada, exigir transparencia, defender un espacio público o pedir respuestas sobre el uso de los recursos municipales, hacerlo de manera pacífica y respetuosa forma parte de sus derechos ciudadanos.

No deberíamos tener miedo de ejercer ese derecho.

Una ciudadanía que nunca reclama, nunca pregunta y nunca se organiza deja demasiado espacio para que las decisiones se tomen sin suficiente control.

San Lorenzo tiene una larga historia de prácticas políticas conservadoras y de ciudadanos que muchas veces terminan acostumbrándose a que las cosas sean como son. Romper con esa costumbre no significa vivir en permanente confrontación. Significa entender que el silencio ciudadano tampoco puede convertirse en una forma de resignación.

La democracia municipal no termina cuando se cierran las urnas. Allí comienza otra etapa: la de una ciudadanía que observa, pregunta, controla y, cuando corresponde, reclama.

Porque una ciudad no se construye solamente desde la Municipalidad.

También se construye cuando sus ciudadanos deciden dejar de mirar de lejos.