El último baile del mito: Falleció Carlos «Indio» Solari a los 77 años

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La música popular latinoamericana ha perdido a su feligresía más devota. En las primeras horas de este viernes 5 de junio de 2026, se confirmó el fallecimiento de Carlos Alberto «Indio» Solari, el legendario exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, a la edad de 77 años. La noticia, que impacta directamente en el pulso cultural de la región, fue confirmada por fuentes judiciales y del entorno del artista en su residencia de Parque Leloir, en la provincia de Buenos Aires.

Según los informes iniciales de la Fiscalía Nº 2 de Ituzaingó, el deceso se produjo a raíz de un accidente cerebrovascular (ACV) mientras el músico se encontraba en el sector de la piscina climatizada de su hogar, un espacio que utilizaba habitualmente para paliar los severos dolores musculares derivados del Parkinson. Esta enfermedad neurodegenerativa le había sido diagnosticada hace poco más de una década, obligándolo a retirarse de las presentaciones en vivo, aunque jamás de su estrecho vínculo creativo con el público.

Crédito de imagen: La Nación (Argentina)

La génesis de un fenómeno contracultural

Nacido en Paraná el 17 de enero de 1949, pero criado en el hervidero cultural y universitario de La Plata, Solari no fue simplemente un cantante de rock; se convirtió en el arquitecto de una contracultura. Junto al guitarrista Skay Beilinson y la mítica manager Carmen «Negra» Poli, fundó a mediados de los años 70 una cofradía artística que terminaría adoptando el nombre de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Lo que comenzó como un happening teatral e inclasificable en sótanos dictatoriales mutó, tras la llegada de la democracia, en un fenómeno sociológico sin precedentes en el mundo hispanohablante. A través de discos fundamentales como Oktubre (1986), Un baión para el ojo idiota (1988) o Luzbelito (1996), la banda tradujo las tensiones de la marginalidad urbana, la decepción política de fin de siglo y la búsqueda de identidad colectiva. Su lírica, siempre críptica pero profundamente descriptiva, funcionó como un espejo de las realidades más complejas del Cono Sur.

De las «misas» masivas a la trinchera del estudio

Tras la disolución de los Redondos en 2001, Solari redobló la apuesta con su proyecto solista, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Fue en esta etapa donde las convocatorias de sus conciertos pasaron a llamarse formalmente «las misas ricoteras», peregrinaciones masivas que congregaban a cientos de miles de fanáticos de toda Sudamérica en pequeñas localidades del interior argentino, buscando ser parte del pogo más grande del mundo al ritmo de «Jijiji».

En marzo de 2016, ante una multitud en el Hipódromo de Tandil, el propio artista le puso nombre a su principal batalla personal: «Mr. Parkinson me viene pisando los talones», anunció con crudeza. A pesar de que la enfermedad limitó de forma drástica su movilidad y lo alejó definitivamente de los escenarios masivos, Solari se refugió en su estudio, Luzbola, donde continuó editando música, pintando, escribiendo sus memorias y experimentando con tecnologías digitales hasta sus últimos días. Apenas el mes pasado, la Universidad de Buenos Aires (UBA) le había otorgado el título de doctor honoris causa en reconocimiento a su descomunal aporte a la cultura contemporánea.

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Un vacío que se llena con canciones

La repercusión de su muerte ha traspasado fronteras. Durante la tarde de este viernes, la mítica Plaza de Mayo de Buenos Aires, así como diversas plazas en capitales de la región, se convirtieron de forma espontánea en epicentros de vigilia, llanto y cánticos colectivos. Fanáticos de diversas generaciones se congregaron portando banderas y remeras con su rostro, repitiendo una de las máximas de su propia autoría: «Donde hay dolor, habrá canciones».

El fallecimiento de Carlos «Indio» Solari marca el cierre de una época de oro para el rock en nuestro idioma. El velatorio de sus restos se llevará a cabo este domingo, en medio de un operativo de seguridad civil y estatal que busca contener la masiva e inevitable llegada de sus seguidores para brindarle el último adiós al poeta de sus vidas.

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