San Lorenzo no necesita benefactores de campaña; necesita administradores honestos
Por: Daniel Vargas
De pronto, los barrios de San Lorenzo se inundan de rostros sonrientes, abrazos fraternos y un despliegue de generosidad que no se ve en los cuatro años anteriores. Aparecen candidatos con las manos llenas de «ayudas», kits y promesas de salvación inmediata. Sin embargo, detrás de esa fachada de desinteresada beneficencia, el ciudadano de nuestra querida «Ciudad Universitaria» debe hacerse una pregunta tan básica como urgente: ¿A cambio de qué tiran la casa por la ventana?
En ninguna ciudad que se precie de ser democrática, y mucho menos en San Lorenzo, se necesita de estos personajes. La matemática elemental destruye cualquier relato de altruismo electoral: las millonarias sumas invertidas en propaganda, logística y «regalos» superan por un abismo lo que el candidato percibirá legítimamente como salario si llega a ocupar el cargo municipal durante los próximos cinco años. Si la inversión es exagerada, el origen y el retorno de ese dinero son, por lo mínimo, sospechosos. Nadie gasta fortunas para recibir centavos; la lógica dicta que esos millones se planean recuperar —con creces— a costillas de los contribuyentes.
Este falso mensaje de solidaridad barrial es una afrenta directa a la dignidad del pueblo sanlorenzano. Intentar cambiar la voluntad popular o maquillar la falta de propuestas reales con dádivas del momento es subestimar la inteligencia de una ciudadanía que sufre día a día los verdaderos problemas de la ciudad: el caótico ordenamiento urbano, el estado vial, la gestión de residuos, el lamentable servicio de transporte interno de pasajeros, entre muchas otras mejoras que falta en nuestra querida «Ciudad Universitaria».
San Lorenzo no necesita benefactores de campaña; necesita administradores honestos. El voto no es un favor que se paga por adelantado con un kit de víveres o una atención médica de ocasión; es la entrega de la confianza pública para gestionar los bienes de todos.
La meta de los próximos cinco años debe ser el crecimiento real y organizado de la ciudad. El verdadero éxito de una gestión municipal se mide en la calidad de vida que heredarán los hijos de esta tierra, no en el crecimiento económico personal del intendente que estará en los próximos cinco años, de sus concejales o de los oscuros «grupos X» que financian sus campañas esperando cobrar el favor con licitaciones direccionadas.
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Unirme ahoraLa dignidad del pueblo sanlorenzano no está en venta. En las próximas elecciones municipales, el mayor acto de rebeldía y amor por nuestra ciudad será rechazar el clientelismo y elegir a quienes demuestren honestidad, transparencia y un proyecto real. Es hora de entender que la generosidad electoral de hoy es la corrupción y el estancamiento del mañana.



