Esta semana el matadero municipal de Calle’i volvió a ser noticia. Y, lamentablemente, no por algo positivo. Una vez más aparecieron denuncias relacionadas con un posible atentado contra la salud de los vecinos del barrio Santa María e incluso con una eventual contaminación del arroyo San Lorenzo.
No es la primera vez que ocurre. Quienes seguimos desde hace años la realidad de este lugar sabemos que el matadero municipal arrastra una larga historia de cuestionamientos, conflictos y promesas incumplidas. Durante mucho tiempo fue fuente de trabajo para muchas familias, no solo de San Lorenzo sino también de otras ciudades del departamento Central. Eso nadie lo puede negar.
En nuestra página existen numerosas publicaciones que dan cuenta de esta situación. Basta con revisar el archivo para comprobar que, más que buenas noticias, lo que se repite son denuncias, quejas y reclamos. Para ver, clic aquí.
Por eso creo que ha llegado el momento de discutir seriamente el futuro de este predio municipal.
Hoy miércoles, durante la sesión de la Junta Municipal, algunos concejales sugirieron cerrar definitivamente el matadero. Sin embargo, es el Ejecutivo municipal quien finalmente decidirá si hace caso o no a esa recomendación. Además, en la política local existe la mala costumbre de “borrar con el codo lo que se escribió con la mano”, una práctica que lamentablemente no es nueva para la ciudadanía.
Por eso sostengo que si la decisión final es que el lugar continúe funcionando como matadero, entonces debe convertirse en un verdadero matadero modelo: con infraestructura moderna, controles ambientales rigurosos, condiciones seguras para los trabajadores y garantías reales para la población. No puede seguir existiendo ninguna duda sobre la salud de las personas, la protección del arroyo San Lorenzo ni el cuidado del medio ambiente.
Pero si no se puede garantizar un matadero de primer nivel, entonces se debe tener la madurez de pensar en otros usos que beneficien verdaderamente a la comunidad. Ese espacio podría albergar, por ejemplo, una dependencia municipal, un centro de Aseo Urbano que sirva a Calle’i, Las Mercedes (Kokuere) y San Miguel, o incluso un espacio educativo y cultural para niños y jóvenes, donde se enseñen oficios, música, danzas e incluso se realicen encuentros y charlas sobre la historia de la ciudad. Para este tipo de iniciativas, recursos dentro del presupuesto municipal no deberían faltar si existe verdadera voluntad política.
A esto se suma otro dato que llama poderosamente la atención. Según registros oficiales, el ingreso que debía percibir la municipalidad por este concepto en 2025 era de G. 700.000.000, pero solo se recaudaron G. 220.765.500, es decir apenas el 31,4% de lo previsto, lo que representa un déficit de G. 479.234.500. Más llamativo aún es que en la planilla municipal publicada en la web oficial, en concepto de canon figura cero guaraníes.
Ante cifras como estas, inevitablemente surge la sensación de que hay algunos “manguruyúes” que están trancando el camino del dinero que debería llegar a las arcas públicas. Mientras tanto, la opacidad financiera genera dudas, y el impacto ambiental lo terminamos pagando todos los ciudadanos.
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Por eso estoy convencido de que el futuro del predio del matadero municipal no puede seguir decidiéndose entre unos pocos. Este es un tema que debe abrirse a toda la comunidad. La ciudadanía organizada, clubes deportivos, comisiones vecinales, radios comunitarias y organizaciones sociales, junto con las autoridades, deben sentarse a discutir con seriedad qué hacer con ese predio municipal.
El actual periodo municipal está llegando a su fin. El próximo gobierno local tiene la oportunidad —y también la obligación— de abrir un proceso real de participación ciudadana para definir el destino de ese espacio.
Porque cuando se trata del bienestar colectivo, la decisión no debe quedar en manos de unos pocos.
El futuro del matadero de Calle’i debe decidirlo la comunidad.
Por: Daniel Vargas


