[box type=»shadow» ]Orar sin meditar las palabras y sin que éstas salgan de lo mas profundo del corazón termina siendo solo una palabrería, un formalismo.[/box][divider]
Cuando hablamos sin realmente ser sinceros en la oración, solo hacemos una obra de teatro queriendo engañar a Dios. El corazón sincero, todo lo que repita repercute en su vida, en sus actos, pues todo lo que hace es por amor, por fe, por confianza.
En el misterio de la cruz se revela plenamente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre Celeste. (Benedicto XVI).
Fuente: Revista Sembrador. La palabra de Dios en tu hogar
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