Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Entonces, el ciego le responde: – No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella. 💚 ¡Unite a nuestro canal de WhatsApp y recibí las noticias al instante! Unirme ahoraCada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite. Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil…Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás…¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento… ¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás! |



