
Periodismo jóven (redactor invitado). San Lorenzo es una ciudad hermosa. Tiene todo lo que una ciudad puede necesitar: todos los servicios al alcance, espacios al aire libre para pasar el rato, grandes centros comerciales inaugurados recientemente, gente buena y trabajadora y una densidad altísima de establecimientos educativos. Pero lastimosamente, cada intendente de turno poco a poco va arruinando la ciudad. Y no es que San Lorenzo sea la única, sin embargo es y seguirá siendo una de las ciudades peores gobernadas del país, queramos o no admitirlo, debido a la ineptitud e ineficacia de las autoridades electas ciegamente por los ciudadanos.
Nos prometen el oro y el moro en sus campañas políticas: más trabajo, calles en buen estado y limpias, diversas obras para la ciudad, y un infinito etcétera que a la hora de la verdad se convierten en patrañas. Los intentendes y concejales suben para figuretear, para asignar cargos a quien se les antoje, para «comer» plata y asignar presupuesto a cosas que no son importantes para la ciudad en este mismo momento. No olvidemos que en época de aniversario fundacional son los mejores intendentes que puedan existir en el país. Nada más lejos de la realidad.
Me pregunto… ¿tanto cuesta dejar de ser egoísta? El intendente ha demostrado que quizás cuesta mucho dejar de serlo. Y no sólo él, sino que el conjunto de haraganes que rondan su trono.
Hasta que la ciudadanía abra los ojos, San Lorenzo no aprovechará el gran potencial que tiene y se dejará hundir cada día más por la poderosa mano negra de sus gobernantes. Algo tenemos que hacer para detener el retroceso de San Lorenzo como ciudad.
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